Existe una brecha abismal entre la realidad de quien busca trabajo y los despachos de la administración pública. Mientras que para el ciudadano el desempleo es una situación de vulnerabilidad y búsqueda activa, para el sistema parece haberse convertido en un mero ejercicio de estadística y, lo que es peor, en una fábrica de estigmas.
El desempleo como archivo, no como proyecto
La labor de la administración pública se ha reducido, en la práctica, a registrar desempleados. El desempleado es un número de expediente, una cita previa y una firma mensual. Sin embargo, la labor de orientación, re_cualificación real y conexión con el mercado laboral es prácticamente inexistente.
El sistema se limita a fiscalizar que el desempleado "siga ahí", pero no ofrece herramientas eficaces para que deje de estarlo. Esta inacción institucional genera un vacío que el discurso político más simplista no tarda en llenar con una etiqueta devastadora: la del "vago con paguita".
La trampa del estigma: Culpar a la víctima
Es profundamente injusto y perverso que la misma administración que falla en sus políticas de empleo permita que cale el mensaje de que quien no trabaja es porque "vive de las ayudas".
La realidad del subsidio: Las ayudas no son un regalo; son un derecho generado por el trabajo previo o una red de seguridad mínima para evitar la exclusión absoluta. Nadie "se hace rico" ni vive con dignidad plena bajo el umbral de un subsidio básico.
La barrera administrativa: A menudo, el desempleado se enfrenta a una burocracia kafkiana que parece diseñada para que desista, más que para que progrese.
El daño psicológico: Al estigma social se suma el peso emocional de sentirse abandonado por el sistema. Se le exige al ciudadano una "búsqueda activa" mientras la administración mantiene una "espera pasiva".
Por una reforma que humanice y active
No podemos permitir que el servicio público de empleo sea solo un mostrador de reclamaciones. Criticar la gestión pública no es atacar a lo público, es exigir que funcione.
Necesitamos una administración que:
Deje de estigmatizar: El desempleo no es una elección de vida, es una falla del sistema económico.
Actúe como puente: Que la formación sea real, actualizada y conectada con las empresas, no cursos vacíos para cubrir expedientes o para enriquecer a unos pocos funcionarios.
Acompañe, no vigile: El enfoque debe pasar de la sospecha constante a la mentoría y el apoyo real.
Es hora de señalar la ineficacia de quienes, desde sus sillones blindados, se atreven a juzgar a quienes luchan cada día por recuperar su lugar en el mundo laboral. El problema no es la "paguita"; el problema es una administración que solo sabe contar parados en lugar de generar oportunidades

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