Han pasado casi dos años desde la última vez que la vi, aunque bastante más desde la última vez que ella me vio a mi.
"El día de la Madre" o mejor el día de las grandes almacenes (por tamaño no por su grandeza), grandes superficies y centros comerciales. El día de la floristería que nos ofrece, por un módico precio, expresar lo que sentimos con un ramo de flores o una planta especial. El mismo día que el de los enamorados, el padre, papa noel...
Antes celebrábamos este día, el día de la madre, reuniéndonos en casa todos en torno a la mesa de cualquier restaurante o en casa, con "comida traída de fuera" para que mare no trabajase y recordábamos las anécdotas de nuestra infancia. Ella nos contaba, mientras nos miraba todavía como a sus niños, el día en que nos trajo al mundo y cada una de las travesuras de unos y los otros. Las manías, los gestos, costumbres o "trastadas" que habíamos cometido de pequeños hasta ese mismo día. Incluso nos descubría los secretos que creíamos más ocultos y a salvo de reprimendas o dignas del castigo más severo. Para finalizar la jornada, le hacíamos entrega de nuestros regalos, siempre insignificantes teniendo en cuenta que era para nuestra madre, la mujer que nos trajo a este mundo, sufrió nuestras paperas, fiebres, primeros amores, malos y buenos momentos y, a pesar de todo, seguía disgustándose solo cuando dejábamos de ir a casa durante demasiado tiempo o no llamábamos de vez en cuando para hablar un rato y saber de nosotros.
Yo reclamo una celebración universal y permanente. Exijo un homenaje diario con un simple "Madre te quiero", con un "achuchón de vez en cuando" con un abrazo porque si, con un detalle porque nos da la gana y un reconocimiento sin fechas ni grandes regalos con los que intentamos quitarnos de encima los sentimientos de culpa... Y aquí hablo con conocimiento de causa. Así pues, sirva mi experiencia para que, si cualquiera que llegue a leer esta declaración de culpabilidad este a tiempo de reaccionar y, con los años, poder recordar a La Madre, sin necesidad de celebrarlo un día al año.
El alzheimer me robo esos momentos y cualquier posibilidad de recuperarlos con ella. Ahora, quizás más feliz que nunca, "en su mundo" en ese mundo en el que ya no somos más que extraños, ahora es cuando daría cualquier cosa por recibir esa reprimenda, gozar las limpiezas generales del verano o acompañarla a la compra mientras se quejaba de los precios...
Madre...
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